Entre el jazz y la comida

5 04 2011

Estoy de acuerdo con que comer y beber son 2 de los grandes placeres de la vida, pero si estos se hacen acompañar de un exquisito jazz, es difícil discernir entonces cuál de todos es el verdadero placer y a cuál dedicarle mayor atención.

Soy un amante del jazz, para mi es la música perfecta para escuchar cualquier día a cualquier hora, pero qué bien cae escucharlo un lunes en la prima noche, con la brisa fresca, un par de amigos, una copa de vino tinto y una que otra croqueta de bacalao, un carpaccio de pescado o una rica terrina de berenjena.

A mi edad ya gozo del privilegio de no cumplir un horario de trabajo, pero reconozco cómo cada vez más, el jazz es la excusa perfecta para pasar un rato relajante y bohemio ideal para liberar el stres del día.

Veo con agrado, cómo la ciudad de Santo Domingo se ha ido llenando de esos exquisitos “refugios” para escuchar la música de los músicos y no hablo sólo de las interpretaciones de los más clásicos: Thelonius Monk, Dave Brubet Quartet, Horace Silver o el mágico Miles Davies, sino también de latin jazz o interpretaciones de canciones populares tocadas a ritmo de jazz. Tanto hemos avanzado que en este mes de abril tendremos un congreso musical dedicado al jazz desde la perspectiva caribeña.

Qué rico regresar a mi tierra y descubrir que puedo seguir disfrutan de mi delicioso sabor dominicano y  un jazz cada vez más asequible a todo público.

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